¡Bienvenidos a nuestro devocional diario!, en el que profundizamos en uno de los siete ‘yo soy’ de Jesús.
Palabra de Dios
1 No se angustien. Confíen en Dios y confíen también en mí. 2En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas. Si no fuera así, ¿les habría dicho yo a ustedes que voy a prepararles un lugar allí? 3Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. 4Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy. 5Dijo entonces Tomás:
Juan 14:1-6 – NVI
Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino?
6 —Yo soy el camino, la verdad y la vida —contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.
El evangelio de Juan fue escrito entre los años 85 y 95 d.c. por el apóstol Juan, uno de los doce discípulos de Jesús. Presenta a Jesús como el hijo de Dios y enfatiza su divinidad, amor y poder para dar vida eterna. Destaca señales milagrosas, diálogos profundos y enseñanzas únicas, como el nuevo nacimiento espiritual.
Reflexión
Imagina que estás en una ciudad desconocida y necesitas llegar a un lugar específico. Te acercas a dos personas y les pides indicaciones. La primera te da un conjunto de instrucciones complejas: «Ve a la derecha, camina 400 metros, gira a la izquierda, cruza el parque, por el callejón tres cuadras al oeste, luego otra vez a la izquierda y ahí está». La segunda persona, en cambio, te sonríe y te dice: «¿Deseas que te acompañe hasta allí?».
¿Cuál opción elegirías? Si sigues las indicaciones complicadas, es probable que te pierdas. Pero si aceptas la compañía, aunque no sepas exactamente dónde estás, llegarás a tu destino tranquilamente, ¿por qué? Porque sigues a alguien que conoce el camino.
Hoy, Jesús nos enseña cómo es vivir en su reino, y Él es esa segunda opción.
Cuando Jesús se preparaba para su crucifixión, les explicó a sus discípulos lo que estaba por suceder. Sin embargo, a ellos les costó entenderlo. Tomás, en particular, tenía dificultad para comprender cómo podían seguir a Jesús sin instrucciones claras, expresando su frustración: «Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino?».
La respuesta de Jesús es reveladora y ha trascendido como una de las frases bíblicas más poderosas: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí.» Su mensaje es profundo: vivir con Jesús no se trata de conocer siempre el camino en detalle. Se trata de seguir fielmente a Aquel que es el Camino. Estamos llamados a confiar y a seguirlo, en lugar de intentar descifrarlo todo por nosotros mismos.
Seguir a Jesús es una vida de fe. Muchas veces, ni siquiera sabremos a dónde vamos con exactitud. Sin embargo, nuestra confianza como creyentes reside en que conocemos a Aquel que sí lo sabe. Cuando consideramos la vida de esta manera, puede ser un gran alivio. Jesús guía, no nosotros.
Cuando Jesús afirma que Él es el camino, nos está diciendo que Él es nuestra ruta exclusiva hacia la comunión eterna con Dios. No hay indicaciones hechas por el hombre, sistemas GPS inteligentes u otros medios de transporte que nos lleven hasta ahí. Creer en Jesús es el único camino para acceder a Dios.
Una vez que entendemos esto, el hecho de que Jesús sea la verdad y la vida también cobra un sentido pleno. Si Jesús es el único Dios y el único camino al Padre, entonces es también, por naturaleza, la verdad absoluta del universo y la única fuente de vida eterna. ¡Es una buena noticia! Seguir a un guía de confianza es siempre más reconfortante que resolverlo todo uno mismo. Así que, sigue a Jesús, aférrate a su verdad y experimenta su vida.
Jamás olvides que Jesús es la única guía que necesitas. Hoy has detenido el ruido del mundo para darle a tu alma un momento invaluable en la presencia de Dios.
¿Qué significa para ti que Jesús sea «el camino, la verdad y la vida» en tu día a día?
Oremos juntos:
Precioso Jesús, reconozco que tú eres el camino, la verdad y la vida. Te doy gracias porque por medio de ti se hizo posible que yo tuviera una relación con mi Padre celestial. Perdóname por haberme desviado hacia otros senderos. Te ruego que pacientemente me restaures y me encauces en las áreas en las que me he desviado de tu camino. Te agradezco por tu gracia sobrecogedora.
En tu precioso nombre oro.
Amén.
Fuente: Glorify


