Hoy quiero compartir la predica que recibimos en mi iglesia, la divido en dos partes y poder entenderla mejor.
¿Qué hacer cuando el temor ataca?», es una pregunta relevante para todos, porque la verdad es que en algún momento de nuestras vidas, todos hemos sido presas del temor. Desde los miedos infantiles a la oscuridad hasta las ansiedades adolescentes por el rechazo, el temor nos acompaña. Lo interesante es que, a medida que crecemos, ¡nuestros temores también lo hacen! Quizás ya no tememos a la oscuridad, pero ahora enfrentamos el miedo a la soledad, al fracaso, a la enfermedad o a la pobreza.
El temor es, sin duda, uno de nuestros mayores enemigos. Si no lo vences, el temor te vencerá a ti. Por eso, hoy exploraremos algunos principios y verdades bíblicas sobre cómo podemos responder cuando el temor toca a la puerta de nuestro corazón.
El temor no viene de Dios
Para empezar, es crucial entender una verdad fundamental: el temor no viene de parte de Dios. Segunda de Timoteo 1:7 nos lo confirma: «Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio».
Si el temor no proviene de Dios, entonces no debemos aceptarlo como parte de nuestra vida. El temor es, en esencia, tener fe en las cosas negativas. Como dice Job 3:25: «Lo que más temía, me sobrevino; lo que más me asustaba, me sucedió». La historia de Job en el capítulo 1 nos muestra cómo su miedo a que algo malo les sucediera a sus hijos se materializó. Así como la fe atrae cosas buenas, el temor, lamentablemente, atrae cosas malas. Es una fe invertida, un imán de negatividad.
Por lo tanto, mi primer consejo es: en lugar de temer lo malo, elige creer en lo bueno de Dios, en sus promesas y bendiciones.
Identifica tu temor y confía en Dios
Nuestro texto de referencia hoy es Salmo 56:3-4 (NTV): «Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra. Confío en Dios y no siento miedo».
No puedes derrotar lo que no puedes identificar. El primer paso para vencer al temor es identificarlo. Pregúntate: ¿Qué área de mi vida está siendo atacada por el temor? ¿Es mi familia, mi matrimonio, mis finanzas, mi salud, mi futuro?
El Rey David, autor de este salmo, no tuvo problemas en reconocer su propio temor. En ese momento, estaba siendo perseguido por Saúl, quien buscaba matarlo. El miedo de David era el miedo a la muerte. Pero después de reconocer su temor, él eligió confiar en Dios. Sus palabras son poderosas: «Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza».
Entonces, cada vez que el temor te ataque:
- Identifica en qué área te está atacando.
- Confía en Dios con esa área de tu vida.
El salmista afirma: «Confío en Dios y no siento miedo». Es una ecuación simple pero profunda: cuando siento miedo, confío en Dios, y cuando confío en Dios, ya no siento miedo.
Un punto crucial aquí es que el área en tu vida que más temes revela el área donde menos confías en Dios. La desconfianza es una de las raíces del miedo. Cuando dejas de confiar en Dios en alguna área, en ese lugar brota la raíz del temor. ¿Cómo arrancas esa raíz? Volviendo a poner tu confianza en el Rey de Reyes y Señor de Señores.
La fe no es la ausencia de temor; la fe es confiar en Dios a pesar del temor. David dice: «Tengo miedo, pero elijo confiar en Dios». La fe es confiar en Dios incluso frente al miedo. Si tienes miedo a la muerte, confía en que Dios te dará una vida larga, plena y abundante. Si temes al fracaso, cree que Dios te prosperará. Si temes por tu familia, cree que tus hijos servirán a Dios. Tus decisiones no deben ser guiadas por el temor, sino por la confianza en Dios.


