Bienvenidos a un nuevo devocional en el que profundizaremos en un fragmento del libro de Hageo. Fue escrito en el año 250 a.c. por el profeta Hageo, tras el exilio babilónico del pueblo de Judá. Su mensaje insta al pueblo a dejar la indiferencia y a reconstruir el templo de Jerusalén. Destaca la promesa de la presencia de Dios, la futura gloria del templo y es clave en la restauración espiritual y comunitaria de Judá.
Palabra de Dios:
1El día primero del mes sexto del segundo año del rey Darío, vino palabra del Señor por medio del profeta Hageo a Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y al sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac: 2«Así dice el Señor de los Ejércitos: “Este pueblo afirma que todavía no ha llegado el tiempo para reconstruir el Templo del Señor”».
3También vino esta palabra del Señor por medio del profeta Hageo: 4«¿Acaso es el tiempo para vivir en casas lujosas, mientras esta casa está en ruinas?».
5Así dice ahora el Señor de los Ejércitos: «¡Reflexionen sobre su proceder! 6Ustedes siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero no quedan satisfechos; beben, pero no llegan a saciarse; se visten, pero no logran calentarse; y al jornalero se le va su salario como por saco roto».
7Así dice el Señor de los Ejércitos: «¡Reflexionen sobre su proceder! 8Vayan ustedes al monte, traigan madera y reconstruyan mi casa. Yo veré su reconstrucción con gusto, y manifestaré mi gloria —dice el Señor.Hageo 1:1-8
Reflexión
Prioridades invertidas: la raíz del vacío
En su libro Hábitos Atómicos, James Clear afirma: «Tus acciones revelan cuánto deseas algo. Si sigues diciendo que algo es una prioridad, pero nunca actúas en consecuencia, entonces en realidad no lo deseas tanto».
El pueblo de Dios había regresado a casa con grandes planes. La meta principal era reconstruir el templo, restaurar la adoración. Pero los años pasaron, y las grandes intenciones se quedaron en el olvido. Aunque sus labios decían que Dios era una prioridad, su energía y sus recursos se dirigían a sus propias vidas: a construir casas, a sus propios planes y a sus reinos personales. El templo, la casa de Dios, estaba en ruinas, mientras que sus casas estaban llenas de lujos.
Hageo, con una precisión divina, señala la raíz del problema en el versículo 2: «Este pueblo afirma que todavía no ha llegado el tiempo para reconstruir el Templo del Señor». ¿Te suena familiar? Nosotros también hablamos de priorizar a Dios, pero lo dejamos para después. Queremos crecer en su presencia, pero nuestras mejores fuerzas se invierten en la carrera, el consumo, la imagen o el entretenimiento digital. Decimos «primero Dios», pero nuestras decisiones diarias a menudo dicen lo contrario.
Dios no se queda callado. En el versículo 6 del pasaje de hoy, revela la consecuencia de estas prioridades mal puestas: «Ustedes siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero no quedan satisfechos… y al jornalero se le va su salario como por saco roto». Cuando construimos nuestros propios reinos y descuidamos el de Dios, el esfuerzo no da fruto. La vida puede parecer llena, pero se siente vacía. La alegría se agota porque vivir centrados en nosotros mismos no produce lo que promete.
El llamado a reconstruir
Pero aquí está la gracia de Dios: no solo nos confronta, sino que nos llama de vuelta. «¡Reflexionen sobre su proceder! Vayan ustedes al monte, traigan madera y reconstruyan mi casa. Yo veré su reconstrucción con gusto, y manifestaré mi gloria —dice el Señor» (versículos 7-8).
Este llamado es una segunda oportunidad. Es un llamado urgente y tierno: no para condenar, sino para restaurar. El Reino de Dios sigue en construcción y Él quiere que seas parte de él. No importa cuánto hayas pospuesto, hoy puedes volver.
Ya no digas «cuando tenga tiempo». El tiempo es hoy. Es el momento de reordenar el altar de tu corazón. Es el momento de volver a edificar. No mañana. Hoy.
Oremos
Amado Dios, perdóname por cada vez que mis propios planes ocuparon tu lugar. Mis manos han estado llenas, pero mi altar vacío. Despiértame de la distracción, la autosuficiencia y la postergación. Dame un corazón que te priorice no solo con palabras, sino con hechos. Levántame hoy para edificar a tu lado, con obediencia y fervor. Que tu gloria habite otra vez donde mi descuido levantó ruinas.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Con información de Glorify


