Jesús es el cordero

El libro de Apocalipsis suele generar curiosidad, preguntas e incluso temor. Sin embargo, lejos de ser un texto oscuro o confuso, su mensaje central es profundamente esperanzador: Dios reina, y al final, el bien vencerá. En Apocalipsis 5:6–14 encontramos una de las visiones más poderosas de toda la Escritura, una escena celestial que proclama con claridad quién tiene la autoridad suprema sobre el universo.

El Apocalipsis fue escrito alrededor del año 95 d.C. por el apóstol Juan, mientras se encontraba exiliado en la isla de Patmos. Juan no escribe desde la comodidad, sino desde la persecución. Su mensaje estaba dirigido a siete iglesias de Asia Menor que enfrentaban oposición, sufrimiento e incertidumbre. Por ello, este libro no busca infundir miedo, sino fortalecer la fe y renovar la esperanza.

A través de visiones simbólicas, Dios revela el triunfo definitivo de Cristo sobre el mal y recuerda a su pueblo que la historia no está fuera de control.

Una visión del trono celestial

En Apocalipsis capítulo 5, Juan es llevado a contemplar el trono de Dios. Ángeles y seres celestiales rodean ese trono en un coro eterno de adoración. El centro de la escena no es un gobernante terrenal ni un ejército poderoso, sino un Cordero.

Este coro celestial proclama sin cesar:

“¡Digno es el Cordero!”

Esta declaración encierra una verdad fundamental: Jesús es el Cordero y posee la máxima autoridad, incluso por encima de los poderes humanos y de los gobernantes de este mundo.

El Cordero que fue sacrificado

En el versículo 6, Juan describe al Cordero como uno que parecía haber sido sacrificado. Esta imagen apunta directamente a Jesucristo: Aquel que entregó su vida por los pecados de la humanidad y venció a la muerte por medio de su resurrección.

El sacrificio de Jesús no fue simbólico ni parcial. Fue completo, voluntario y suficiente. Gracias a Él, los creyentes pueden acercarse confiadamente al trono de Dios, no por méritos propios, sino por la obra redentora del Cordero. Nadie más podía hacer lo que Él hizo.

Digno de toda alabanza

En el versículo 9 se declara que el Cordero es digno porque ha “comprado para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación”. La redención que ofrece Cristo no tiene fronteras ni exclusiones: es universal en alcance y eterna en efecto.

La adoración alcanza su punto más alto en el versículo 12, donde se enumeran siete atributos que pertenecen al Cordero:

  • El poder
  • La riqueza
  • La sabiduría
  • La fortaleza
  • La honra
  • La gloria
  • La alabanza

Estos no son solo títulos, sino expresiones de quién es Jesús y por qué merece toda adoración.

Una esperanza viva para hoy

Jesús es el Cordero digno de alabanza por su sacrificio en la cruz y por su victoria sobre la muerte. Él da a los ángeles y a su pueblo una razón eterna para cantar, orar y exaltar su nombre. Cada himno y cada oración celebran el regalo inestimable de la salvación y la esperanza de un futuro eterno en Su presencia.

Si hoy te encuentras atrapado por la incertidumbre, el miedo o un futuro incierto, recuerda esta verdad: Jesús es el Cordero y tiene el poder sobre todo y sobre todos, incluso sobre tu vida. Nada escapa a Su autoridad, y nada puede separar a los suyos de Su amor.

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