Estuve en el evento anual de mi iglesia: «Tierra Prometida», fue una linda experiencia. Hubo una conferencia en particular que se quedó conmigo, resonando profundamente en mi espíritu. Se tituló «Un altar improbable», basándose en Josué 4:8-9.
Palabra de Dios
8Los israelitas hicieron lo que Josué ordenó, según las instrucciones del Señor. Tomaron las piedras del cauce del Jordán, conforme al número de las tribus, las llevaron hasta el campamento y las colocaron allí. 9Además, Josué colocó doce piedras en el cauce del río donde se detuvieron los sacerdotes que llevaban el arca del pacto. Esas piedras siguen allí hasta el día de hoy.
Josué 4:8-9
Josué, un hombre improbable y común. Vivió en el anonimato, fue esclavo, y sin embargo, se convirtió en la llave que Dios usó para guiar a su pueblo a la Tierra Prometida. Esto me hizo reflexionar: a veces nos preocupamos por nuestro punto de partida, en esperar ser alguien para que Dios nos use, cuando en realidad este versículo demuestra que lo verdaderamente importante es cómo vamos a terminar.
Josué, así como Caleb, otra figura destacada en la Biblia por su fe inquebrantable, valentía y lealtad a Dios, a diferencia de muchos, vieron el futuro. No se quedaron estancados en el presente ni en las limitaciones de su realidad. Esto nos anima a comenzar a caminar sobre la palabra de Dios, a practicarla, a vivir el futuro que Él tiene para nosotros. Si alguna vez te has sentido incomprendido(a) por tener una visión o una fe que va más allá de lo común, ¡que bueno, porque estás caminando en el futuro!
El fin de la espera
«La espera acabó», resonó en el evento, se acabó el tiempo del anonimato, del silencio. Ha comenzado el momento en que nuestras acciones sean reconocidas y nuestras vidas, transformadas.
Vivimos en una generación que no le gusta esperar, queremos todo rápido y descartamos lo que demora. Pero Dios a menudo nos hace esperar. Nos permite pasar por dificultades y pruebas, porque Dios nos está preparando y se toma su tiempo. Él estaba preparando a Josué, moldeándolo para el momento exacto. En medio de esa preparación, Josué escuchó una voz que dijo: «Josué».
Cuando llega tu tiempo, Dios mismo te llama por tu nombre y te dice: «La espera acabó». ¡Imaginen ese momento, yo lo he vivido!
No necesitas ser famoso, necesitas el Espíritu Santo
Así como fue con Josué también Dios puede ser contigo. Josué no tenía nada, ni recursos, ni fama. Dios nos dice: ERES TÚ. no necesitas ser famoso, ni rico. Lo que necesitas, lo que realmente necesitas, se llama Espíritu Santo. Necesitas ser lleno de Él.
Además, Dios no nos deja solos en este camino. Él colocará a la persona correcta a tu lado. Y lo que es aún más asombroso: Lo que Dios hará contigo, lo hará con tu familia. Recuerda: ¡»Tú y tu casa servirán a Jehová»! No estás siendo preparado para algo normal; estás siendo preparado para ver señales, prodigios, maravillas. Vas a sentir la presencia y el poder de Dios de una manera que te dejará sin aliento.
Nuevos comienzos y altares inesperados
Dios te dará nuevos accesos. Entrarás por puertas que nunca imaginaste, viajarás a lugares que parecían imposibles. Dios te colocará donde nunca soñaste, haciendo referencia lo que dice en la Biblia.
Se habló también que el río Jordán, cuando las aguas se abrieron marcó nuevos comienzos. En el río Jordán, donde estaba el cordero que quita el pecado del mundo, el Espíritu Santo comenzó a descender. Porque donde hay altar, hay fuego. Y se escuchó una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». Josué nunca imaginó que de ese altar improbable se unirían el Padre, hijo y el Espíritu Santo.
Quién fue Josué
Aquí tienes los puntos clave sobre quién fue Josué:
- Ayudante y siervo de Moisés: Antes de convertirse en el líder de Israel, Josué fue el fiel asistente y lugarteniente de Moisés. Estuvo presente en momentos cruciales, como la batalla contra los amalecitas en Refidim (donde lideró el ejército israelita) y en el Monte Sinaí. Pasaba mucho tiempo en la tienda de reunión, mostrando su devoción y su deseo de estar cerca de Dios.
- Uno de los doce espías (junto con Caleb): Cuando Moisés envió a doce espías a explorar la Tierra Prometida (Canaán), Josué fue uno de ellos. Al igual que Caleb, regresó con un informe positivo y lleno de fe, instando al pueblo a confiar en Dios y a avanzar para conquistar la tierra, a pesar de los desafíos. Debido a su fe, él y Caleb fueron los únicos de esa generación que, después de la peregrinación por el desierto, tuvieron el privilegio de entrar en la Tierra Prometida.
- Sucesor de Moisés: Tras la muerte de Moisés, Dios designó a Josué como su sucesor para liderar a las tribus de Israel. Esta fue una tarea monumental: tomar el relevo de un líder tan carismático y llevar a un pueblo numeroso a una tierra habitada por naciones hostiles.
- Conquistador de Canaán: Bajo el liderazgo de Josué, los israelitas cruzaron milagrosamente el río Jordán (que se detuvo para que pasaran en seco) y comenzaron la conquista de Canaán. Lideró numerosas batallas importantes, incluyendo la famosa caída de los muros de Jericó y la victoria sobre Hai. Fue un estratega militar y un líder valiente que confió plenamente en las promesas y el poder de Dios para llevar a cabo la conquista.
- División de la Tierra Prometida: Una vez que la mayor parte de Canaán fue conquistada, Josué supervisó la distribución de la tierra entre las doce tribus de Israel, cumpliendo así la promesa que Dios había hecho a Abraham siglos antes.
- Un líder de fe y obediencia: La vida de Josué es un testimonio de obediencia a Dios, valentía y fe inquebrantable. Repetidamente se le exhorta a ser «fuerte y valiente» y a meditar en la ley de Dios día y noche para asegurar el éxito. Su liderazgo se caracterizó por su dependencia en Dios y su compromiso con la Alianza.
- Legado: Josué sirvió a Israel hasta su vejez, exhortándolos a ser fieles a Dios y a recordar todas las maravillas que Él había hecho. Su historia se considera un modelo de cómo la fe y la obediencia llevan al cumplimiento de las promesas de Dios. Además, el nombre «Josué» es la forma hebrea del nombre «Jesús», y en la teología cristiana, Josué a menudo se ve como un «tipo» o figura que prefigura a Jesús, quien guía a su pueblo a la verdadera «Tierra Prometida» o el descanso espiritual.


