¡Bienvenidos a un nuevo devocional! Hoy nos sumergiremos en el fascinante libro de Jeremías, un profeta que vivió entre los siglos VII y VI a.C., durante los últimos y turbulentos días del reino de Judá. Jeremías fue el portavoz de Dios, anunciando el juicio divino por la desobediencia del pueblo, la inminente destrucción de Jerusalén y el doloroso exilio en Babilonia. Sin embargo, su mensaje no fue solo de condena; también incluyó poderosos mensajes de esperanza, como el anuncio de un nuevo pacto. Este libro destaca por su tono profundamente personal y el sufrimiento que experimentó el profeta al cumplir su difícil misión.
Palabra de Dios
Acerquémonos a los primeros momentos del llamado de Jeremías:
9Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. 10Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. 11La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. 12Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.
Jeremias 1:9-12
Reflexión
Todos anhelamos que nuestra voz y nuestra opinión sean tomadas en cuenta. Queremos un lugar en la mesa, compartir nuestras ideas y que la gente nos escuche activamente. Queremos, en esencia, ser escuchados. Al mismo tiempo, vivimos en un mundo saturado de información, pero con un notorio déficit de sabiduría. Entonces, ¿cómo podemos tener algo verdaderamente significativo que decir? La respuesta es clara: sumergiéndonos en la Palabra de Dios y dejando que su verdad y sabiduría nos inunde por completo.
El libro de Jeremías es un testimonio vivo de esto. Cuatro veces solo en el capítulo 1 se menciona: «la palabra del Señor vino a mí»; y esta frase aparece otras 123 veces en todo el Antiguo Testamento. Cuando escuchamos la Palabra de Dios y la compartimos con otros, nuestras palabras adquieren un valor incalculable. ¡De repente, tenemos algo realmente importante que decir! En definitiva, si queremos encontrar nuestra voz, primero debemos escuchar la voz de Dios. Recuerda: somos la única Biblia que algunas personas podrán leer. La pregunta es, ¿somos una buena traducción?
El almendro de la promesa: Un cambio de estación
Cuando el joven profeta Jeremías escuchó la voz de Dios, el Señor le habló sobre un almendro. El significado de esta imagen es profundamente esperanzador: el almendro era uno de los primeros árboles en florecer después del invierno. Antes de que las hojas comenzaran a crecer, sus delicadas flores blancas brotaban, siendo una indicación y una promesa de la primavera, la señal inequívoca de que la estación estaba a punto de cambiar.
Si estás atravesando una temporada difícil en tu vida, hay un «almendro» que te promete un pronto cambio de estación. Dios nos asegura que Él está alerta para ver que su Palabra se cumpla. La frase «estar alerta», también traducida como «vigilar» o «velar», se usaba con frecuencia en la cultura de los pastores, quienes cuidaban y vigilaban a sus ovejas. Así como el pastor vigila incansablemente su rebaño para asegurarse de que esté protegido y a salvo, Jeremías nos reitera que el Señor vigila su Palabra para asegurarse de que no se pierda ni una sola letra y de que ninguna de sus promesas regrese vacía o se quede sin efecto.
Ese es el poder de su Palabra, y es la promesa inquebrantable de Dios velar por lo que ha prometido. Cuando nuestra perspectiva está completamente impregnada de la Palabra de Dios, los problemas comienzan a perder su poder y las dificultades se reducen en proporción directa a cuánto nos apoyamos en su verdad y permanecemos firmes en su Palabra. Hoy, Él nos cuida con el mismo celo, y también vigila su Palabra sobre nosotros. Permanezcamos en ella, para que echemos raíces profundas, de tal manera que nos mantengamos de pie cuando las tribulaciones surjan en nuestro camino.
Oremos juntos
Precioso Señor Jesús, es un gran consuelo saber que vigilas tu palabra y que te comprometes a cumplirla fielmente. Te amamos Jesús, queremos que actúes en nuestra vida, para que podamos ver tu mano obrando en nosotros, en nuestras familias y en los demás. Te amo Jesús y amo tu palabra. Que pueda buscarla diligentemente con todo lo que soy y procure extender tu mano en el mundo, para que seas glorificado por siempre.
En el nombre de Jesús
Amén.
Con información de Glorify


